Llamadas a ser un hombre y otras chapuzas

En las campañas que realizamos contra la violencia sexista, machista sobre todo, nos encontramos con una profundización en los lugares comunes de la victimización y otros aspectos que, en absoluto, ayudan a la toma de conciencia sobre la temática.

En este artículo de Periódico Diagonal nos muestra cómo se da mucho más de lo que pensamos…

Y en Bolivia, ¿cómo lo vivimos?


 

Muchas campañas contra la violencia machista ahondan en la victimización y usan estereotipos.

Por Patricia Reguero | 03/11/15 · 19:38 | Licencia Creative Commons BY/SA

“Cuando maltratas a un hombre, dejas de ser una mujer”. La Guardia Civil soltó ese mensaje en Twitter y dejó a muchas con la boca abierta. Hubo que explicárselo: que no es lo mismo, que se habían colado. Pidieron perdón, borraron el tuit. Pero ya habían dejado claro que en la Guardia Civil hay quien mantiene las tesis del Ministerio del Equilibrio, un nido de funcionarios en lucha contra la dictadura feminista.

A la hora de representar a las mujeres, pocos publicistas se resisten al ojo morado, un recurso que no ayuda

Es el ejemplo más escandaloso de cómo las instituciones, en esto de la violencia machista, no se enteran. Por no enterarse, no se entera ni el Ministerio de Asuntos Sociales, responsable de las principales campañas contra la violencia de género. Véase, sin ir más lejos, el cartel que –debidamente manipulado por los teóricos del “hembrismo”– se comió la Guardia Civil y que en su mensaje original decía: “Cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre”.

Ya puestos, podían haberse atrevido con el “Maricón el que maltrata a una mujer” que utilizó una campaña del Gobierno chileno.

No es la única campaña que tira de hombría. La alusión la usó también en 2010 la campaña “Saca tarjeta roja al maltratador”. “¿Tú crees que eso es ser hombre? Yo no”, decía, por ejemplo, Juan Diego Botto en uno de los vídeos.

“Se utilizan elementos de la masculinidad tradicional porque sabemos que el maltratador ejerce ese tipo de masculinidad”, explica Nuria Varela, periodista experta en violencia de género que trabajaba en el Ministerio de Igualdad cuando se puso en marcha esta campaña. “Creo que el fondo se trabajó mucho pero no se trasladó bien que se trata de una crítica a esa masculinidad, más bien parece un refuerzo”.

Al menos este mensaje apunta al agresor. Porque la gran mayoría de las campañas contra la violencia de género pone el foco en las víctimas, a quienes se le repite que es su responsabilidad acabar con la situación: “Hay salida”, “Actúa”, “Tú eliges”, le dicen. “Es insólito: no se me ocurre ningún otro delito en el que la víctima sea responsable de solucionar la situación”, dice Varela.

Exterior, noche. Una chica pasa de correr de noche bajo la lluvia huyendo de su agresor a pasear sonriente bajo el sol en cuestión de segundos. Es la campaña de 2014 del Ministerio de Asuntos Sociales. En un pispás, ¡chas!, se acaba la violencia con una llamada al 016. No hay hombres. No hay riesgos. Pero a la ONU ha llegado el caso de Ángela González, cuya hija fue asesinada por su pareja después de que ella interpusiera una denuncia.

Varela recuerda el caso de Sergio Morate, este verano en Cuenca: ninguna campaña se ha molestado en transmitir que ir a recoger la ropa a casa del maltratador es uno de los momentos de mayor riesgo.

Gracia Prada, de la Fundación Ana Bella, explica que lo que hay que hacer es preparar a la mujer que quiere denunciar: “Son mujeres que están destruidas y necesitan seguimiento y apoyo; primero tienen que sentirse arropadas porque, si no, es posible que acaben retirando la denuncia y eso irá en su contra”.

La mujer golpeada

A la hora de representar a las mujeres, pocos publicistas se resisten al ojo morado, un recurso que no ayuda al acercamiento. “Si yo veo una mujer con un moratón en la televisión o en una revista, lo que voy a sentir es miedo, y no ganas de denunciar”, dice Prada.

“Por experiencia puedo decir que a una mujer lo que hay que transmitirle es fuerza y mostrarle que tenemos una nueva vida”. Pero ahí tenemos, por ejemplo, la mujer amoratada de la campaña “#yomecomprometo de la Asociación Vínculos Infantiles.

O las del Instituto de la Mujer, que en la campaña “18 segundos” –en referencia a los datos que indican que cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo– de 2005, mostraba a Silvia Abascal o a Maribel Verdú posando con los ojos morados.

Para Varela, el fallo recurrente de las campañas contra la violencia de género es que no se explica el móvil del crimen. “La relación entre desigualdad y violencia de género no se trabaja y los agresores no existen. Se pone el foco en las mujeres como si la violencia de género fuese un problema de las mujeres, y no lo es: es un problema de los hombres que sufrimos las mujeres”.

El combo de machismo y racismo

Las campañas contra la violencia de género también han hecho sitio a los estereotipos racistas. En 2014, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía pidió la retirada de una campaña que asociaba la violencia de género con la religión musulmana. La campaña muestra una mujer recortable junto a un burka.

En Alicante, la Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR) denunció una campaña de 2008 que mostraba las manos de una persona blanca junto a la frase “quien denuncia vive”, junto a unas manos negras tras unas rejas con el texto “quien maltrata paga”.

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